23 Abr

Sant Jordi y Jaime de Cristal

 

Al igual que en la leyenda de Sant Jordi, todo lo que narra el cuento “Jaime de Cristal” de Gianni Rodari, acontece en nuestro interior.

Sant Jordi combate contra un dragón para liberar de la muerte a una princesa. Esa princesa, seguramente, es nuestra alma y Sant Jordi, es ese guerrero que vive en nosotros, una fuerza interna, tal vez nuestro espíritu o nuestro Yo, que pelea con la gran sombra- dragón, hasta vencerla. Salvar la pureza del alma, atreverse a combatir dragones…

“Jaime de Cristal” cuenta lo mismo de otra manera. Jaime, el héroe del cuento, transparente como el cristal, tiene también su misma naturaleza pura, dura y frágil a la vez. Es incapaz de mentir, incapaz de esconder su desdén ante las injusticias y la violencia. El feroz dictador del cuento es, al igual que el dragón de Sant Jordi, esa oscuridad que albergamos en nuestro interior y que para vivir necesita matar la belleza, la inocencia, la verdad y la libertad que viven en todos nosotros. En el cuento hay, además, muchos personajes anónimos, testigos de lo que hace Jaime, y de la violencia del dictador y que, aún amando a Jaime de Cristal, no tienen fuerza, ni voz, ni verdad suficiente para poder posicionarse del lado de la verdad y combatir la tiranía de la oscuridad. Y los que sí pueden hacerlo, en el cuento son fusilados o desaparecidos o humillados. Todos estos personajes anónimos pueden ser pequeños egos nuestros, u otras sombras o quizás sentimientos, valores o fuerzas que aún no hemos desarrollado y están en estado “latente”, para bien o para mal.

Lo maravilloso de este cuento es que Jaime de Cristal no recurre a la violencia. Su propia presencia puede hacer más amable a la gente o indignar al tirano. Sin embargo el tirano no lo mata. Tal vez, cierto lugar luminoso, aún dentro de esa sombra, necesite de esa pureza de Jaime de Cristal. Y por su lado Jaime, como ese loco bendito de muchos cuentos o como los santos que desde su verdad llenan de vida los oscuros senderos de la humanidad, a pesar de estar encarcelado es más poderoso que el tirano y puede volver luminosa y transparente la oscura cárcel donde ha sido arrojado. Su sola presencia ya es una irreverencia para la autoridad porque Jaime es verdad, y es libertad.

Llegar a nuestra verdad o escuchar esa pureza que vive en nosotros, que en otro cuento tradicional puede ser llamada “Blancanieves”, es todo un ejercicio interior y una apuesta por la vida. No todos podemos, o queremos, combatir nuestros tiranos internos ni nuestros dragones.

El cuento de Rodari, al igual que la leyenda de Sant Jordi, también tiene un componente social. Habla de un gobierno totalitario, injusto y violento. Conocemos esto. Algunos lo hemos vivido en carne propia; otros lo conocemos a partir de relatos de nuestros padres y abuelos. Aunque desde hace un tiempo a nuestro “dragón social” se le viene cayendo la máscara. Vivimos tiempos oscuros donde la sombra está muy activa.

Actualmente estamos perdiendo muchos derechos y libertades y, como colectivo, podemos mirar esta situación de frente y, apelando a nuestro Sant Jordi interior y a nuestro Jaime de Cristal, tomar nuestro propio poder, responsabilizarnos de él, y combatir todo aquello que no es justo, que no es legal, que nos esclaviza. Aunque también podemos hacer la vista a un lado y, en aras del miedo y la comodidad, seguir viviendo la sombra. Son diferentes opciones y aprendizajes. Y los cuentos ya lo cuentan…

Hace rato que esta “democracia” ya no es tal. Me pregunto si como seres humanos seremos capaces de enfrentar la oscuridad iluminándola (y prepararnos para ver lo que haya que ver) y, apelando a nuestra bendita verdad, hacer frente a todo aquello que no queremos ni para este mundo, ni para nuestros mayores, ni para nuestros hijos, ni para nosotros. Nosotros podemos decidir qué alimentar en nuestro interior y qué alimentar en nuestro exterior… Los cuentos también cuentan que los dragones oscuros pueden vencerse y las grandes mentiras, también.

23 de abril de 2020, en el día de Sant Jordi.

08 Abr

Manifiesto de las contadoras y contadores de historias

«Las personas que nos dedicamos a contar historias nos unimos para mandar un mensaje de apoyo y solidaridad a toda la sociedad ante la crisis derivada de la enfermedad por coronavirus, COVID-19.

Como los personajes de los mejores cuentos, nos encontramos en medio de un denso bosque con la sensación de que el lobo acecha en la oscuridad. Pero sabemos que no estamos solos porque siempre aparecerá alguien que nos ayudará a salir del bosque o de la tripa del lobo. En esta historia todos y todas contamos y nuestra solidaridad, esfuerzo y cuidado colectivo son nuestros conjuros contra el virus y sus efectos.

Así que las contadoras y contadores de historias os pedimos que contéis, inventéis, leáis y escuchéis cuentos, anécdotas o sucedidos para engañar al tiempo, para viajar sin salir de casa, para sonreír o temblar con las aventuras más increíbles, para recordar a las personas mayores y todas las historias que nos han contado, para reconocernos en la alegría, la pena o el miedo, para dejar que por un momento el mundo siga girando y que no importe nada más que estar juntos y este momento.

Por nuestra parte, seguiremos inventando y contando cuentos en nuestras casas y
através de las redes. Y no sabemos todavía el final de esta historia ni tampoco si comeremos perdices, pero sí sabemos que el miedo que sentimos es compartido y no nos hace menos valientes, nos hace más humanos y frágiles.

Como los personajes de los mejores cuentos, algún día, cuando todo esto pase, nos habremos transformado y tendremos nuevas historias que contar.
Porque la narración de cuentos es un bálsamo para los días de confinamiento con miles de años de eficacia probada y que una vez más ha de reunir a la humanidad alrededor del fuego, mientras dure la noche.

Este manifiesto ha sido elaborado en marzo de 2020 por representantes de todas las asociaciones de narración oral de España.»

 

 

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05 Abr

El Mago y los corderos

 
Este cuento lo conozco desde hace mucho tiempo. No recuerdo si lo leí en algún libro de G.I. Gurdjieff o de Osho. Sí sé que es un cuento de tradición sufí que me sigue impactando por su lucidez a pesar del tiempo transcurrido. Dentro de esta tradición (me refiero al sufismo) el “zikr” es una práctica espiritual para despertar el recuerdo de Dios en nosotros. Recordar, ir a nuestro interior, conectar con algo más grande que nuestros pequeños y mundanos egos, recoger esa chispa divina y saber que, en nosotros, albergamos poder y libertad para hacer y ser.

En este mundo en el que, desde hace tiempo y, sobre todo, actualmente, estamos perdiendo derechos y libertades a pasos agigantados, recordarnos a nosotros mismos como seres libres, y actuar en consecuencia, es vital para detener esta esclavitud soterrada (aunque obvia) a la que, al parecer, nos están conduciendo…

Dicen que los cuentos no fueron creados para dormir a los niños, sino para despertar a los hombres a la conciencia de sí mismos.

 

 
 

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