16 Abr

Reflexiones

Durante esta semana, en mi trabajo como kinesióloga emocional, narré, sugerí, “receté”, los siguientes cuentos tanto para adultos como para niños: “El Pájaro de Oro”, “Basilisa la Bella”, “Blancanieves”, “La cuidadora de gansos”, “Las tres plumas”, “La bruja Yagá” y la leyenda celta de la reina Meave.

El sábado, en una sesión de cuentos, narré tres antiguas historias, entre ellas una antiquísima versión de Caperucita Roja. La sesión estaba dirigida a un público a partir de los once años de edad y en ella, a partir de las narraciones, hablamos de símbolos, de arquetipos, de cómo los cuentos se repiten y cómo aparecen los mismos temas y motivos en distintos y distantes lugares de la Tierra.

A lo largo de la historia occidental los viejos cuentos populares han sido perseguidos muchas, muchas veces, precisamente porque no se dejan domesticar, ni apresar; son salvajes, provienen del inconsciente colectivo y el inconsciente es naturaleza en estado puro. Por eso estos cuentos no se pueden censurar, cercenar, demonizar y prohibir, es imposible hacerlo, siempre emergerán. Aunque nunca los hayamos escuchado, leído, o narrado, mientras seamos seres humanos, en algún momento de nuestra vida nos pasará que, una niña entrará en el bosque con un pan bajo el brazo y una jarra de leche en la mano y se encontrará con un lobo; un príncipe irá en busca de una pluma que su padre, el rey, ha soplado al viento para encontrar un nuevo sucesor del trono; una princesa se pinchará con un uso y caerá dormida; un hermano menor saldrá a buscar al pájaro de oro; una princesa rescatará a un príncipe que ha caído bajo el sueño de un hechizo, y el cuento comenzará a contarse encarnado en nuestra propia vida, nos narrará y nosotros tendremos que narrarlo para contarles a los que vendrán que todo esto forma parte de la vida y del misterio de ser humano en este mundo tan extraño y fascinante.

 

 

Los llamados “Cuentos populares”, “Cuentos de Hadas”, “Cuentos de Maravillas”, son obras literarias. Son arte. Y, por esta razón, entender un cuento antiguo de manera “literal” es reducirlo mucho; lo mismo sucede si sólo nos quedamos con lo metafórico; incluso, si nos dedicamos a interpretarlo sólo desde lo arquetípico y lo simbólico podemos correr el mismo riesgo. Los cuentos antiguos, como obras de arte, nos cuentan lo obvio y lo escondido; nos ponen frente a nosotros mismos como un espejo, y sus “puntos de fuga” nos llevan al infinito, al misterio y después de vuelta a nosotros mismos, o al revés, quién sabe. Es por eso que no somos nosotros quienes contamos el cuento, sino que es el cuento quien nos cuenta a nosotros. Respirar el cuento, dejarnos habitar por sus imágenes nos lleva lejos, a ese reino muy, muy lejano, a ese tiempo sin tiempo, donde algo nos narra como humanos en este mundo.

Caperucita, por ejemplo, es un cuento que en diferentes momentos de mi vida me ha ido contando cosas distintas que yo he ido entendiendo en función del momento vital por el que iba atravesando. Supongo que por esto también los llamamos “Cuentos clásicos”: porque son atemporales y nos transitan en distintos momentos de nuestra vida enriqueciéndonos con sus enseñanzas.

Volviendo a Caperucita, digo que necesito experienciarla: la escribo, me inspira, la recreo, la cuento y crezco a partir de ella. Me pasa lo mismo con otros cuentos, como Juan de Hierro o Blancanieves. Son recurrentes en mi camino. Son fuente de inspiración, de alegría, de belleza, de conocimiento y, muchas veces, de sanación.

Todos, seamos hombres o mujeres, tenemos una Caperucita dentro y también un lobo, una abuela, un bosque, un cazador (si estamos en la versión de los hermanos Grimm), o unas lavanderas (si estamos en la antigua versión francesa). Porque más allá de que Caperucita pueda estar hablando de ese momento iniciático en el que las niñas nos convertimos en mujeres, más allá de la explicación de los peligros que puede acarrearnos la sexualidad y los “lobos” devora niñas, más allá de todo esto Caperucita narra una historia que sucede en nuestro interior y que tiene que ver con fuerzas naturales que nos viven, con lo masculino y lo femenino dentro de cada uno de nosotros, con nuestro inconsciente, con nuestra sombra, con nuestro eros, y con la cultura que creamos a partir de todo ello. Es un cuento importante, intenso, profundo, sabio y poético como todas estas viejas historias.

 

 

Si escuchamos estos cuentos siendo niños, y si no estamos adoctrinados o demasiado domesticados, nos vamos de viaje con ellos y, de manera intuitiva, entendemos la gran verdad narrada, sin más. El lobo nos asustará más o menos, tendremos necesidad de escapar de él o de ser devorados, haremos muchas preguntas y necesitaremos escuchar el cuento infinidad de veces hasta que algo, muy profundo, parece hacerse cargo de “algo” o se sosiega…y entonces pedimos otro cuento. Y de esta manera, el gran cuento, formado por todos los cuentos, se amplía, se desparrama, nos crece, nos habita fortaleciéndonos.

Y lo mismo nos sucede de mayores, siempre y cuando no estemos muy adoctrinados o demasiado domesticados. El cuento nos contará más cosas, se seguirá desplegando, nos seguirá nutriendo y dando vida.

Aquí cuelgo un vídeo, una auto filmación que forma parte de un proceso creativo mío a partir de Caperucita Roja; un divertimento que me ayuda a enriquecer mi propia experiencia “Caperucita” en este momento de mi vida.

Una Caperucita, ya mayor, vuelve al lugar donde estuvo la casa de su abuelita. Apenas quedan vestigios de la cabaña. En el viejo pozo, clausurado, aún resuena el agua. Esta Caperucita ya no lleva su capa. El rojo de la misma pervive en sus labios pintados y aún conserva la trenza de aquella época. Han pasado muchos años, sin embargo, hay un misterio en el ambiente, la sensación de que el lobo también ha vuelto a la casa devastada y que, escondido, acecha entre los arbustos.

Mientras escribo pienso en este viaje propio y cultural:

La antigua conciencia nutricia ya no está, como la abuelita de Caperucita, aunque sigue viva, escondida en las viejas historias; la fuente puede estar clausurada, aunque todavía tiene agua; Caperucita, a pesar de los años, necesita reencontrarse con la memoria; el lobo, una sombra, que todos creíamos muerto, continúa vivo y acecha escondido en el bosque…

¡Larga vida a los antiguos cuentos y que nos sigan contando por siempre jamás!

 

 

 
25 May

El bosque y la narración oral en busca de supervivencia

24 años de maratón de los cuentos (Guadalajara)

«Los bosques y los cuentos comparten la amenaza de su desaparición, una amenaza mitigada por la ecología para salvar los bosques y por la aparición de una ecología de los cuentos de la que participa el Maratón de Guadalajara». Así explicaba durante la presentación de la XXIV edición del Maratón de los cuentos de la ciudad, la presidenta del Seminario de Literatura Infantil y Juvenil, Blanca Calvo, acompañada de su vicepresidenta, Gloria Márquez, que adelantaban el tinte «verde» que relevará al azul del agua del pasado año. Una edición que con el bosque como hilo conductor propiciará 46 horas ininterrumpidas de historias, sueños, emociones y actividades paralelas que convertirán Guadalajara del 12 al 14 de junio en la capital mundial del cuento.

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Con 24 años a sus espaldas, el evento cultural de Guadalajara por excelencia ha conseguido ser conocido en todo el mundo. Prueba de ello son los narradores que participan: profesionales venidos desde todos los rincones del planeta mezclados con cuentistas amateurs; niños y ancianos; hombres y mujeres de toda clase y condición.

Una de las muchas «magias» de este encuentro que cada año congrega a miles de personas en el Palacio del Infantado como marco de las historias, como el libro que se abre delante de los ojos del lector. En este caso, las historias comenzarán a ser narradas desde las 17.00 horas del viernes 12 con el tradicional cuento del alcalde. Será el principio de las 46 horas, que terminarán el 14 de junio domingo, con un broche musical.

Organizado por el Seminario de Literatura Infantil y Juvenil, cuenta también con el apoyo de la Biblioteca Pública, del Ayuntamiento de la capital, la Diputación provincial, La Junta de Castilla-La Mancha y el Ministerio, así como con la colaboración de unos 200 voluntarios que hacen posible la transformación del Palacio del Infantado en el escenario ideal del cuento.

Actividades paralelas

Como desde hace varios años, a la vez que discurren los cuentos, seguirán los maratones paralelos: el de la ilustración, el de fotografía y el de radio; así como, previamente, el Maratón Viajero, que este año llega a quince municipios de la provincia: Brihuega, Azuqueca, Cabanillas, Fontanar, Horche, Yunquera, Humanes, Torija, Tórtola, Yebes, Quer, Chiloeches, Marchamalo, Sigüenza y El Casar.

Se suma la chimenea de los cuentos, talleres, exposiciones y el ya tradicional Festival de la Narración Oral con la presencia de narradores de primera línea. Además, también han un espacio de tiempo, coincidiendo con la madrugada, para los «cuentos mínimos», y este año, la «Noche de Estrellas Estrelladas», en la que trece narradores profesionales improvisarán cuentos a partir de 13 retos narrativos; en unos casos la narración se basará en cuentos que se lleven preparados, incluyendo variaciones; en otros habrá que crear las historias en ese mismo momento. Las conferencias y mesas redondas también tienen su lugar en este Maratón. Serán en el Salón de Actos del Palacio y la entrada es libre.

 

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Programa completo del evento en pdf

Visto en LOS CUENTOS DE LA LUNA
Fuente: ABC

Más información maratondeloscuentos.org

 

06 Abr

Bosque, naturaleza, sanación.

Eva Julián investiga con los sonidos de la Tierra. Ha logrado probar, de manera científica, cómo los sonidos del bosque, del mar, o del lugar donde nacimos inciden en nosotros y nos pueden sanar. Ella habla de esto y de mucho más… Entrar en contacto con su trabajo es volver a la sencillez interior, a la magia natural que nos rodea y está en todos nosotros.

El contacto diario con el bosque me hace entender mejor los cuentos de hadas; como si la experiencia “Bosque” enriqueciera una comprensión que llega desde un hondo contacto interior con la tierra y conmigo misma. Por esto es que los sonidos de la naturaleza que Eva graba a mí me hablan de cuentos, llevándome al origen de ellos: la unidad y la Madre Tierra.

En los cuentos maravillosos los árboles, las flores, las rocas, los ríos y fuentes, los animales… hablan. Cuando el héroe entra en contacto con las palabras de la naturaleza y las sigue se produce la magia que lleva a la sanación: completar un viaje iniciático, morir y volver a nacer para llegar a ser Rey o Reina, o lograr el objetivo del viaje…

Eva tiene la capacidad de escuchar esas voces naturales y las graba para
beneficio de todos.

 

 

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