Manifiesto de las contadoras y contadores de historias

«Las personas que nos dedicamos a contar historias nos unimos para mandar un mensaje de apoyo y solidaridad a toda la sociedad ante la crisis derivada de la enfermedad por coronavirus, COVID-19.

Como los personajes de los mejores cuentos, nos encontramos en medio de un denso bosque con la sensación de que el lobo acecha en la oscuridad. Pero sabemos que no estamos solos porque siempre aparecerá alguien que nos ayudará a salir del bosque o de la tripa del lobo. En esta historia todos y todas contamos y nuestra solidaridad, esfuerzo y cuidado colectivo son nuestros conjuros contra el virus y sus efectos.

Así que las contadoras y contadores de historias os pedimos que contéis, inventéis, leáis y escuchéis cuentos, anécdotas o sucedidos para engañar al tiempo, para viajar sin salir de casa, para sonreír o temblar con las aventuras más increíbles, para recordar a las personas mayores y todas las historias que nos han contado, para reconocernos en la alegría, la pena o el miedo, para dejar que por un momento el mundo siga girando y que no importe nada más que estar juntos y este momento.

Por nuestra parte, seguiremos inventando y contando cuentos en nuestras casas y
através de las redes. Y no sabemos todavía el final de esta historia ni tampoco si comeremos perdices, pero sí sabemos que el miedo que sentimos es compartido y no nos hace menos valientes, nos hace más humanos y frágiles.

Como los personajes de los mejores cuentos, algún día, cuando todo esto pase, nos habremos transformado y tendremos nuevas historias que contar.
Porque la narración de cuentos es un bálsamo para los días de confinamiento con miles de años de eficacia probada y que una vez más ha de reunir a la humanidad alrededor del fuego, mientras dure la noche.

Este manifiesto ha sido elaborado en marzo de 2020 por representantes de todas las asociaciones de narración oral de España.»

 

 

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Secretos

-En aquel entonces pude haber tomado una decisión que no tomé. Me faltó valentía y me quedé aquí. Tendría que haberme ido, pero no me fui -me dijo, y se quedó en silencio. Después, me preguntó:
-¿Por qué no armas otro porro?
-Abuela esta marihuana está muy fuerte; mejor lo dejamos así.
-¡Qué más da!
-No te voy a armar otro. El que acabamos de fumar me está dando taquicardia: si te llegara a pasar algo no me lo perdonaría nunca; además, mamá me mataría.
-Bueno, si no vas armar ninguno, abre un vino y corta otro trozo de esa tarta tan buena que trajiste. Tengo un hambre canina.

Me levanté, abrí el armario y elegí un buen vino. Aunque soy enóloga nunca dejo de asombrarme ante los caldos que encuentro en esta casa; corté pastel y llevé todo a la mesa. Descorché la botella, serví una copa, se la dí a catar a mi abuelita y esperé su consentimiento. Brindamos y comimos en silencio durante un rato.

-Abuela ¿y a dónde te habrías ido?
-A otro bosque, sin duda, lejos de los cazadores.
-Pero aquí ya vives lejos de ellos.
-No lo suficiente.
-¿Y qué habrías hecho?

Bebió un sorbo y miró a través de la ventana. Caía la tarde. Pensativa, voló lejos. Volvió con una sonrisa y clavó en mí su mirada. Qué ojos tan grandes tiene, pensé. Entonces comenzó carcajearse con dulzura de niña traviesa. Me contagié y nos reimos juntas durante muchos minutos, media hora o una hora entera tal vez. No sé si fueron dos. Al final estábamos cansadas.

-Abuela ¿qué habrías hecho?
-Muchas cosas, te lo aseguro.
-¿Como qué?
-Hay cosas que es mejor que las nietas no sepan.
-Entiendo -dije-. Y recordé lo que la bruja Baba Yaga le dijo a Basilisa la Bella: cuanto más preguntes, antes llegarás a vieja. Así que me guardé las preguntas y seguimos comiendo pastel.
Afuera la noche escondía lobos.

 

ilustración de Laura Anderson

Siete estaciones

 

Darren Thompson
ilustración de Darren Thompson

En siete estaciones llegaré a mi destino: la casa de mi abuela.

Subo al metro. Atravieso un vagón bien iluminado, con pocos pasajeros, todos sentados. Me acomodo en un asiento, levanto la vista y me topo con los ojos del que va frente a mí. La mirada fugaz dura lo que un parpadeo. Mejor así: no es bueno detenerse en los ojos de un androide biológico de última generación. Suelen ser atractivos, encantadores. Y cuando te tienen en su poder descubres su naturaleza criminal. Lo mejor es pasar de ellos. No darles entrada.

Me giro, pues siento la presencia de otro androide. Allí está: sentado entre un zombie y un vampiro. Variopinto el metro, eso sí. Al otro lado del pasillo, un búho con gafas pequeñas, se inclina sobre un libro. Se le ha caído una plumita. Una gata preciosa se pinta los labios. El vampiro la mira. El zombie no. Por el rabillo del ojo percibo a un ciervo joven, calmo. Mi corazón se reconforta.

Apoyo mi cabeza en el cristal de la ventanilla, qué ganas de ver a mi abuela. Me vuelve a asaltar la duda que ha marcado mis pasos desde que salí de casa: ¿traigo todo lo que me ha pedido? Nuevo repaso mental de la lista…

1 tinto riojano (le llevo dos,
más un Ribera del Duero de regalo )
Té de rosas
Mi famosa tarta de chocolate
Manzanas ecológicas
Agua de manantial

Sí, está todo. ¡Qué alivio!

Tiro hacia atrás mi caperuza roja, cojo una manzana de mi cestita, le doy un bocado.
En pocos minutos estaré en casa de mi abuelita. Por suerte, ningún lobo a la vista.

 

…..
Nota: este cuento lo publiqué por primera vez en mi blog dinorahoy  y forma parte de mi juego propio con los cuentos antiguos, por eso me parece importante volver a publicarlo aquí. Para mí, Caperucita,su madre, su abuela, el lobo, el cazador, y ese bosque tan poderoso, son todos personajes muy interesantes para trabajarlos y aprender con ellos.