Entrar en el bosque, llegar al jardín: curso intensivo

Un trabajo interior a partir de las imágenes simbólicas de los cuentos antiguos

Curso intensivo, presencial, de doce horas de duración.

 

fragmentos de sue?os, jardines nocturnos
fragmentos de sueños, jardines nocturnos

 

Hay una imagen de “El pájaro de oro”, un cuento recopilado por los hermanos Grimm, que me acompaña y me enseña desde hace muchos años:

 

“…Cuando dieron las doce oyó un ruido en el aire y, a la luz de la luna, vio acercarse un pájaro cuyo plumaje brillaba como el oro…”

 

La imagen tiene una inmensa belleza poética: es visual, sonora, pictórica, cinematográfica. Contiene una fuerza profunda, conmovedora y, también, una invitación, y un misterio.

¿De dónde viene ese pájaro que se alimenta de manzanas de oro? ¿A dónde va?
La imagen propone algo, el cuento se hace cargo de esta propuesta y nos lleva de viaje. Nos sumerge en la aventura.

¿A dónde nos lleva de viaje el símbolo? ¿Qué mueve en nuestro interior? ¿Qué caminos nos propone, qué puertas abre?

Seguir la invitación de este Pájaro de Oro nos lleva a entrar en el bosque, ese lugar salvaje donde todo puede ocurrir; a hacer preguntas y buscar (los héroes y las heroínas siempre preguntan, expresan, comunican para realizar eso que están buscando); a visitar, o habitar, lo maravilloso, y así, ampliar nuestro mundo interno; a encontrar el oro que vive en nosotros; a dialogar con el pasado, para amplificar el presente, y llegar al lugar donde confluyen los tiempos: un espacio, que puede ser ese jardín interior, fragante, bello, único.

El cuento nos invita a transformarnos y a llegar a ser soberanos de nosotros mismos.

En este curso entraremos en imágenes de cuentos, dialogaremos con ellas y, a través de ellas, con las voces del pasado que nos ayudan a entender nuestro presente y accionar en él. Un curso para comunicar con nosotros mismos y los demás (los cuentos siempre tienen esa intención comunicativa y expresiva); para darle forma y espacio al pensamiento y a la reflexión; para aprender a crecer como lo hacen los héroes y heroínas de los cuentos: yendo a contracorriente, haciendo lo inesperado, lo extrañamente creativo y, sobre todo, haciéndose responsables de la propia vida y de la propia voluntad.

Breve crónica

Vengo trabajando en este formato de curso desde hace varios meses. Para mí es un salto importante poder dedicarle doce horas seguidas a esta propuesta.
Más allá del constante estudio, de las múltiples lecturas, y de la reflexión diaria, lo que siempre ofrezco en mi trabajo es mi vivencia, y mi experiencia, en este camino de narrar, sentir, ver, comprender, los cuentos y los símbolos. Mi camino vital tiene que ver con esto: percibir el símbolo en nuestros actos cotidianos; entenderlo, integrarlo; discernir a partir de él; ir más allá de lo velado siempre que puedo. Este encuentro con lo simbólico ha enriquecido, y sigue enriqueciendo, mi vida, y no solo a través de los cuentos, también gracias a los sueños de la noche, a las ensoñaciones diurnas, a la imaginación, a la creatividad, a las visiones maravillosas que también me muestran otras posibilidades y me guían.

Muchas veces, a lo largo de mi historia, el hecho de haber conocido cuentos, mitos y leyendas, me ha ayudado a entender y trascender, incluso sanar, los momentos duros, tristes, de pérdida de sí, que forman parte de mi experiencia humana. Entender a través de un mito, por ejemplo, el lugar del alma que estaba viviendo en ese momento, me ha dado fuerza para seguir adelante, crecer, cambiar, y crear nuevas condiciones para mi vida.

En la creación de este curso los sueños nocturnos me han dado muchas pistas: me han hablado del jardín, me lo han mostrado, y me han dictado textos para que pudiera seguir creando, sobre todo cuando pienso que mi propuesta no tiene sentido.

En este mundo actual, donde pareciera que todo ha de tener un rendimiento, a veces se me hace extraño hablar de la belleza de la literatura oral o proponer cursos para entrar en el interior de uno mismo, porque sí, sin más. Y, sin embargo, lo encuentro tan necesario, tan importante. Sobre todo para humedecer esa sequedad de la mente, de lo dogmático, del pensamiento absoluto, que tanto escampa hoy en día. Hablar de sueños, cuentos, arte…comunicar, reflexionar en grupo, me parece un ejercicio imprescindible, espiritual y revolucionario.

Este curso está alimentado por cuentos antiguos, mitos, leyendas, sagas, poesía; el visionado de ilustraciones, pinturas, esculturas, cómics, cine; sueños de la noche, imaginación, dibujos propios; naturaleza; conversaciones con amigos que aman los cuentos, los sueños, el arte, y reflexionan; lúcidas conversaciones con mi hija; el trabajo con cuentos y símbolos que realizo en mis consultas como kinesióloga y el diálogo constante que sostengo con las personas que se visitan conmigo; los talleres, círculos de cuentos, charlas, que vengo realizando desde hace mucho tiempo, donde las voces, la presencia y la escucha de los participantes enriquecen y ayudan a crecer; mis propios trabajos como narradora. He leído hermosos libros nuevos y, sobre todo, he releído libros que ya conocía para seguir maravillándome con la profundidad, la belleza y la claridad de grandes investigadores de la literatura oral que ya son clásicos, y cuyo pensamiento sigue absolutamente vigente, aportando esa luz que ilumina la sombra, como la imagen del cuento ruso, recopilado por Afanásiev, “El pájaro de fuego”:

“…Aquella pluma era tan maravillosa y resplandeciente que, llevada a un aposento oscuro, le habría dado la misma luminosidad que multitud de velas encendidas…”

¿A dónde te lleva esta imagen?

¿Qué mueve el símbolo en ti?

 

 

Entrar en el bosque, llegar al jardín

Un trabajo interior a partir de las imágenes simbólicas de los cuentos antiguos

 

Fecha: sábado 31 de julio y domingo 1 de agosto de 2021
Horario: 31 de julio de 10 a 14h y de 16 a 20h
1 de agosto de 11 a 15h
Lugar: Institut Pragati
Dirección: Viladomat 52, entlo. 1ª. Barcelona
Precio: 160 euros
Contacto: dinorah@atravesdelcuento.es
whatsapp, telegram, quicksy(xmpp): +34 635 62 55 17

Autorretrato

Neptuno profundo y una luna que ilumina las sombras.
Perderse en el otro y en otros mundos.
Camino de sueños, imágenes y visiones.
El límite es el infinito, pero existe.
Las sirenas cantan en la noche y cuentan verdades,
y también engañan.
La senda es el límite, que es infinito, pero existe.
El oscuro vientre del lobo,
Caperucita en la hondura, aprendiendo con la abuela pagana;
Alicia recorriendo maravillas, entendiendo algo
que no se explica en la escuela.
El Pájaro de Oro me despierta, cada noche, a las doce en punto,
y me voy de viaje en busca de sus plumas.
Un zorro me guía y me enseña a caminar
el límite, que es infinito, pero existe.
Siempre me voy. Y siempre vuelvo.

 

autorretrato

ir y volver

el límite es el infinito pero existe

 

Finales de primavera

Un grupo de niños, en bañador, jugando sobre la arena. El viento, que vuela la bata y se cuela por dentro de mi abrigo, gira las olas.
Mar encrespado.
Bebo café, leo, escribo.
Quiero quebrar el tiempo; romper un paréntesis; transformar la historia que me cuento.
Escribir en el viento y, sin embargo, apoderarme de algo mío que se me escapa.
Robarlo.
Robar eso mío y adueñarme.

Esta noche un bebé me interpeló en sueños. Buscaba una nutrición que no le supe dar. Sin embargo me quedé con un detalle: en la habitación azul de mi sueño había una ventana bañada en luz.
La ventana, repitiéndose siempre de la misma manera, es sólo un detalle fugaz de mis últimos sueños nocturnos: la luz blanca que se filtra desde fuera, y el color azul de los muros de las distintas habitaciones, de mis distintos sueños.
Hay una invitación en esta imagen y, con seguridad, una respuesta a una pregunta que me vengo haciendo.
Asomarme a la ventana, saltar al otro lado, caminar ese paisaje que se filtra en una luz y que quiere expresar… ¿qué? Ahí está el misterio, el reto.

Hoy, el guardián del umbral ha sido un bebé.
Y a este lado del velo, los niños jugando en la playa, me regalan un símbolo.

Todos mis lobos descansan en la orilla; miran el mar dándome la espalda.
Los niños juegan entre ellos, los acarician con alegría.
Los lobos son negros y están tranquilos.

 

 

 

Los siete cabritillos ya no viven aquí

No, señor Lobo, no, los Siete Cabritillos ya no viven aquí. Se fueron hace un tiempo a vivir junto al mar. Parece que la madre cabra encontró una casa bonita debajo de las rocas. Al menos eso fue lo que me dijeron, señor Lobo. ¿Qué no puede entender cómo viven debajo de rocas? Perdone que se lo diga así, pero le falta un poco de imaginación, y de lecturas… Escuche, señor Lobo (pero disculpe, ¿le pongo una cerveza?; aquí tiene una fresquita), como le iba diciendo, si usted hubiera leído más cuentos sabría perfectamente que dentro de las rocas hay casas, reinos, refugios, qué se yo, todo tipo de lugares.
Así que Madre Cabra encontró una casita en las rocas, y ya sabe cómo son las cabras… ¿Ah, no? ¿No lo sabe? Mire: es bien sabido que a las cabras les encanta el lujo, la comodidad, los lugares escarpados, y las playas. Encontró un espacio maravilloso para criar a sus hijos y para poder irse por ahí sin temor a los lobos, que como bien sabe usted, suelen venir a visitar a los cabritillos cuando están solos. Parece que en la playa no existe ese peligro. Hay olas, eso sí, pero los cabritos son buenos nadadores; también tienen muchos metros de arena para correr y saltar felices. Por lo que me contaron, la casa de debajo de las rocas, conecta con las tierras altas del norte. Imagine qué espacio. Los chavales no paran de jugar, de reír.
¿Qué le pasa señor Lobo? ¿Por qué llora? Ah, que usted también se siente madre de ellos. Claro, eso de tenerlos en la panza durante un rato, claro… Bueno, pero lo que pasa es que usted se los comió, todo hay que decirlo; usted no los gestó, ni los trajo al mundo, aunque… pensándolo bien, en cierta manera también los trajo. Claro, usted los hizo renacer… Sí, señor Lobo, las muertes y los nacimientos, todo junto, todo mezclado. Usted también hizo lo suyo por ellos, para que crecieran y fueran. Y han crecido y están siendo. Cabritillos felices en una playa nueva, con casa debajo de las rocas, recorriendo caminos intrincados y mágicos que llevan a las tierras altas. No está mal, señor Lobo, no está mal.